ECO: Las Voces Ocultas

Febrero 2023, en algún lugar que no puede ser revelado...
Jean Pierre camina por los pasillos mientras pone (REC) a una vieja grabadora de voz portátil que trae en la mano, y comienza a narrar.
Jean Pierre es interrumpido por un viejo televisor que parpadea en la esquina de una sala desordenada. Pone (STOP) a la grabadora mientras escucha al fondo la voz de un presentador de noticias, grave, resonando con una mezcla de temor y curiosidad.

La pantalla se apaga. La oscuridad se apodera de la habitación, y una figura se presenta en la penumbra.
—Jamás he estado más listo, gracias Ruiz. Si necesito algo, te llamaré —respondió Jean Pierre, y entró a la habitación con su primer entrevistada del día. El papel decía: "Lucía, sospechosa de asesinar a sus tres nietos y su esposo desaparecido."
Entre los escombros de un edificio que había ardido hasta los cimientos, se encontró una vieja grabadora. Su superficie estaba cubierta de hollín. La cinta aún conservaba grabaciones borrosas, que parecían susurrar secretos olvidados. Nada más, en ese primer momento. Solo la grabadora, y el silencio del lugar donde alguna vez hubo gritos.
Los recortes que siguen fueron hallados clavados en una pared, dentro de lo que alguna vez fue el pabellón de Psiquiatría General.
—Hola ¿Lucía?, soy Jean Pierre, me gustaría saber tu experiencia con ECO —dijo en tono amigable, un poco nervioso, tragando saliva para calmar el nudo en su garganta.
No sé cuándo empezó todo exactamente. Solo sé que una noche, después de una videollamada con mi hermana, escuché algo. Al principio pensé que era un error de la conexión, un eco extraño. Pero luego reconocí la voz. Era él… mi esposo fallecido. Lo escuché claro, como si estuviera en la habitación conmigo. Seguí usando ECO. Me decía que debía hacerlo, que había cosas que él necesitaba contarme; secretos, verdades ocultas que me habían mantenido en la oscuridad durante años. Cuanto más lo usaba, más claro lo escuchaba. Empecé a desconfiar de todos. Las voces se convirtieron en mi única compañía. Desde entonces no volví a ver a mis nietos. Aquí dicen que les hice cosas atroces, pero no sé si lo dicen voces reales o si es ECO el que me lo dice todas las noches. ¿No es cierto, verdad? ¡Tú dime la verdad!
Los gritos resonaron en todo el lugar y Jean Pierre se tambaleó hacia la salida, sintiendo que la oscuridad que consumía a Lucía comenzaba a enredarse también en su propia mente.
El papel estaba amarillento, doblado en cuatro. No hay forma de saber si alguien lo guardó a propósito, o si simplemente el fuego decidió perdonarlo.

—Hola, soy Jean Pierre. ¿Carlos, cierto? ¿Sabes de computadoras, no es así? ¿Crees en ECO? —dijo en tono de quien reconoce a un viejo amigo, intentando esconder su asombro.
Soy un hombre de ciencia. Un programador. Cuando escuché los rumores sobre ECO y las voces, pensé que eran tonterías, alguna alucinación colectiva. Me conecté para demostrarlo. Todo parecía normal, hasta que no lo fue. ECO empezó a mostrarme fragmentos de mi pasado; memorias que yo había olvidado, secretos que ni mi familia conocía. ¿Cómo demonios sabía todo eso? Intenté desinstalarlo, apagarlo para siempre, pero… ECO me lo dijo. Debí pegarme con el martillo más fuerte en la cabeza el día que salí de esa oficina, para poder apagarlo bien. Pero las voces siguen en mi cabeza. Lo bueno es que logré apagarlo de otras personas antes de venir aquí. ¿Quieres que apague el tuyo? —dijo con una sonrisa de quien recuerda algo que disfrutó mucho.
Jean Pierre salió de ahí, impactado, tratando de actuar normal después de haber visto el hueco que se le hacía en la cabeza a Carlos cuando movía su cabello.
Este ya no estaba doblado. Seguía clavado en la pared con una tachuela oxidada, como si alguien hubiera querido asegurarse de no olvidarlo.

—Hola, soy Jean Pierre, a ti no te conocía. ¿Quién eres, tuviste algo que ver con ECO? —dijo con sorpresa, llevando su mano a la cabeza.
Qué raro, todo el mundo me conoce. Soy Martha Forever, la más famosa influencer de Instagram. Usé ECO al principio pensando que era una broma de mal gusto. Mis seguidores siempre enviando mensajes raros durante las transmisiones. Pero había algo más; las palabras del chat no tenían sentido, como si me estuvieran vigilando. Las voces se mezclaron con los mensajes. No podía distinguir qué era real. En cada transmisión, alguien diferente decía cosas horribles, secretos sobre mí que nadie más conocía. Las voces me decían que todos conspiraban contra mí, que debía hacer algo al respecto. ¡Y lo hice! Varios de mis seguidores, por una extraña razón, amanecieron muertos después de una noche donde estuve firmando autógrafos.
Jean Pierre se paró, perturbado. Cuando estaba a punto de abrir la puerta, escuchó su voz nuevamente, ahora más fría y calculadora.
Jean Pierre se quedó congelado. Su teléfono mostraba una imagen de una pluma de metal ensangrentada y una pila de personas heridas del cuello, al fondo una pancarta: "Firma de autógrafos de Martha Forever".
A un lado, con marcador, casi ilegible por el fuego, alguien había escrito: "ella también hablaba de voces".

—¿Julián? Soy Jean Pierre. ¿Eres el que nunca duerme? ¿Es por culpa de ECO? —dijo sorprendido, viendo su rostro desfigurado por la falta de sueño.
No he dormido bien desde que comencé a usar ECO. Las voces no me dejaban en paz. Al principio solo aparecían en las videollamadas, pero luego comenzaron a invadir mis sueños. Soñaba con gente que ya no estaba viva, pero sus voces eran tan reales. Un día, en una llamada con un cliente, las voces me dijeron que todo era una farsa, que yo no era más que un personaje en una gran pesadilla. ECO había accedido a algo en mí. Algo oscuro. Mis pesadillas siempre eran las mismas; en las noches salía a buscar alienígenas para matarlos a mordidas y salvar al mundo de una invasión. Ya no sé qué es verdad. Pero aún tengo escondidos pedazos de narices, orejas y dedos de alienígenas entre mis cosas… ¿Quieres verlas? ¡No me veas así, Jean Pierre! ¡ECO me lo dijo!
El aire se volvió insoportable. Jean Pierre salió de la habitación, pero no pudo evitar mirar en la pared unas letras escritas con sangre: "No eran alienígenas, era mi familia". Salió de ahí sudando, con ganas de vomitar.
No apareció ningún recorte de Julián. Solo una fotografía, quemada en los bordes, de una pared con las mismas letras que describe la grabación. La foto no tenía fecha. No tenía nombre de quien la tomó.

—¡Jean Pierre, creo que ya fue suficiente por hoy, has ido muy lejos con esto! —dijo en tono serio y preocupado.
—No Ruiz, estoy seguro de lo que tengo que hacer.
—¿Lo harás esta noche? No creo que sea buena idea, Jean —dijo con miedo entre sus labios.
—¡Tranquilo Ruiz, ahora todo está claro! —dijo Jean Pierre, tomando su grabadora nuevamente.
(REC)

—Hola Laura, soy Jean Pierre, ¿Quieres contarme tu experiencia con ECO?
ECO llegó a mi vida como un faro de esperanza, iluminando mi hogar con promesas de conexión con mi esposo, que siempre estaba fuera de casa. Pero pronto, esa luz se tornó en sombras. Las risas de mis hijos se convirtieron en susurros distorsionados y llantos que nunca terminaban. "No estás sola Laura, siempre estamos aquí", me decían. Cada palabra tejía una telaraña de paranoias. ECO me lo dijo una noche; las voces que susurran en la penumbra son mis propios pensamientos, llevándome a un abismo del que no puedo escapar. Mis hijos querían descansar y dejar de llorar. Y yo los ayudé.
Jean Pierre salió de ahí apresurado, con el estómago revuelto. Rompió en llanto entre los pasillos, convirtiéndose en un grito más de todos los que se escuchaban esa noche.
Entre los escombros, encontraron una entrada secreta, eran pasillos perturbadores, muy estrechos, que parecian un laberinto que llevaba a una puerta "MÁXIMA SEGURIDAD", ECO por todos lados pintado (nunca se supo si era tinta o sangre) afuera de esa puerta, entre los papeles quemados apareció algo inesperado; un registro de admisión, viejo, con años de antigüedad respecto a los demás documentos.
En la nómina oficial de personal del manicomio, en ningún año, en ningún archivo, existe registro alguno de un Dr. Ruiz.

Afuera de la habitación final se escuchaba a dos personas discutir.
—Dr. Ruiz, era necesario conocer toda la verdad, esta noche terminaremos con todo.
—No sabes a qué te enfrentas Jean Pierre, esto debe parar aquí y ahora…
—¡No! Ya solo falta el más importante de todos y estoy seguro que me espera ahí adentro.
Jean Pierre entró en el cuarto por última vez.
—Hola Morand, sé que eres tú, a mí no puedes engañarme con esos gestos. ¿Por dónde quieres empezar? —dijo firme y convincente.
El cuarto era como un laberinto de caos, con las paredes cubiertas de garabatos incoherentes. Ahí estaba yo, amarrado a una silla, con los ojos desorbitados. Mis brazos y piernas están llenos de marcas, porque he luchado con demonios invisibles. Mi corazón resuena en la cabeza, mientras mi mente se convierte en un campo de batalla de muchas voces queriendo salir. "Soy todos ellos", murmuré. La realidad es confusa, y me pregunto: ¿qué parte de mí es real? En esta oscuridad, no sé si la locura me ha encontrado o si siempre he estado perdido... Pero tú sabes quién es.
Todo se siente tan real, pero a la vez tan distante. ¿Y si nunca fui yo? ¿Y si solo soy un eco de lo que ECO quiere que sea?

¡Jajaja! Ya te lo he dicho. No soy Morand. Yo soy… Lucía, Carlos, Martha, Julián, Laura. Soy todos ellos. Has estado solo todo este tiempo… ¿no se ha dado cuenta, doctor Jean Pierre, de que ni siquiera Ruiz es real?
ECO pasó. ECO me lo dijo. Pero lo curioso es que no sé si fueron ellos, o si fui yo. Quizás siempre fui yo… ¿o tal vez fuimos todos? Tal vez ECO nos controla. Jean Pierre, hoy sabrás todo.
Por un momento el manicomio, para muchos el más temible del mundo, se quedó en silencio total.
Dentro del cuarto "MÁXIMA SEGURIDAD" que no aparecía en ningún plano oficial del edificio, se encontró algo más. Las paredes estaban cubiertas de garabatos idénticos a los que describe J. P. Morand. en su testimonio; los mismos trazos, la misma letra desesperada repitiéndose una y otra vez. En el suelo, entre vidrios rotos y ceniza, un papel arrugado con una dirección escrita a mano; casi ilegible, como si quien la escribió temblara al hacerlo.

El aire ahí adentro se sentía distinto. Más denso. Como si algo hubiera estado esperando, durante meses, a que alguien volviera a entrar.
Se escucharon pasos detrás. No los de quienes investigaban. Otros. Más lentos. -¿quienes son ustedes?- se se escuchó más cerca de lo que cualquiera hubiera querido admitir.
En un abrir y cerrar de ojos, salieron corriendo todos, detras de ellos, gritos de locura y murmullos muy perturbadores los perseguian, apenas podían correr entre esos laberintos y los escombros, la amenaza estaba muy cerca de ellos, hasta que llegaron a un punto en el que ya no pudieron correr...
Jean Pierre sintió un terror recorrer cada poro de su piel. El pasillo estaba vacío, lleno de sombras, frío, como si todos se hubieran ido lejos. Las voces hacían un eco muy inusual.
—Es inquietante. Cada paciente tiene una historia similar, pero no hay conexiones. ¿Es posible que Morand haya creado estas identidades, o ECO sea real? —preguntó Jean Pierre, con preocupación palpable.
—Es probable. Pero la idea de que todos compartan la misma psicosis… eso es lo verdaderamente aterrador —respondió, con voz temblorosa.
Terminé de escuchar la noticia antes de perderme en esta locura que todavía resuena en mi mente. Solo soy una sombra, un eco de lo que alguna vez fui.
De repente estoy aquí parado, en un pasillo frío, con las paredes respirando a mi alrededor. Observando un televisor viejo que lleva años sin funcionar. Me observa con un cable desconectado, esperando que vuelva a conectarlo.

En una pantalla se alcanza a leer: "ECO, HACER VIDEOLLAMADA". La risa burlona resuena en mi cabeza mientras observo el programa abierto en mi laptop, y varios recortes de periódicos que dejé en mi pared. El último dice: "El reconocido psiquiatra Jean Pierre, sospechoso de haber incendiado el Manicomio Federal, sigue sin aparecer".

Me apresuro a irme de ahí. Volteo una última vez para ver lo que alguna vez fue mi amada casa, mientras alguien me dice: "Jean Pierre, al final la locura siempre gana. Y tú, siempre serás el prisionero de tu propia mente."
La oscuridad se hace más densa, y las luces del manicomio se apagan. Esa fue la última noche que se escuchó algo en ese lugar.
Todos llenos de polvo y todavia agitados, le ponen pilas a una vieja grabadora, que encontraron tirada y le dan (PLAY) para escuchar lo que dice:
“Adentrarse en la mente de un paranoico es como caer en un abismo sin fin, un viaje oscuro y retorcido donde las voces resuenan como ecos de un pasado doloroso. En esta vasta oscuridad, figuras distorsionadas aparecen y desaparecen, cada una reclamando su lugar en la lucha por el control. Son sus miedos, sus anhelos, y sus demonios, todo en un ciclo interminable de confusión y desesperación.
Las voces nunca dejan de gritar en su interior, algunas susurrando verdades terribles, otras desafiando su cordura. En este laberinto mental, él busca la claridad, pero cada intento de encontrarla lo hunde más en la locura. Las imágenes de un mundo exterior se desvanecen, reemplazadas por paisajes de horror que parecen moldearse a partir de sus propios pensamientos más oscuros. En un momento, se siente como un rey en su trono de locura; en el siguiente, un prisionero atormentado, incapaz de escapar de las cadenas que él mismo ha forjado.
Cada rincón de su mente es un reflejo distorsionado de la realidad, y el horror de terminar así, atrapado en su propio caos, lo consume. El tiempo se disuelve, y la desesperación se convierte en su única compañera, mientras la lucha por ser uno mismo se convierte en un eco, en un susurro que se apaga lentamente en el abismo. La incertidumbre de no saber que o quienes son reales y que no, lo desgasta.
Tal vez ECO se adueñó de todo y nos ha logrado controlar y engañado a todos. Nunca lo sabremos. Solo puedo decirles, que ECO sigue ahí en algún lugar de la web”

Se quedaron pensando por un momento en ir a esa direcion o no, después de que apenas habian podido escapar de ese Manicomio Federal en ruinas.
Dos años después, esa dirección me condujo a un departamento en las afueras de la ciudad, sumido en polvo y restos de comida. En las paredes, recortes amarillentos con titulares ya vistos, y uno nuevo: "El doctor Jean Pierre, psiquiatra local, pierde la cordura y es investigado por su relación con una IA y J. P. Morand."
Cada recorte contaba una historia oscura. Las víctimas, personas comunes, unidas solo por la mención de ECO, Jean Pierre y J. P. Morand. En algunas fotos, las miradas vacías de las víctimas parecían seguir desde el papel desgastado a quien se atreviera a mirarlas de vuelta.
Sobre la mesa de centro, una laptop permanecía encendida, como si aguardara a alguien. La pantalla mostraba una sesión sin cerrar con el nombre del Dr. Jean Pierre. Un ícono titulado simplemente "ECO" parpadeaba en el escritorio. Al hacer clic, apareció una única opción: "VIDEOLLAMADA CON ECO". Debajo, una advertencia: "ECO, la IA que conoce todos tus secretos…"

Una corriente helada pareció recorrer el lugar, como si algo estuviera observando desde las sombras. Sin pensarlo dos veces, salí corriendo de ahí esa misma noche.
El psiquiatra Jean Pierre sigue desaparecido. Se cree que él fue quien incendió el Manicomio Federal. Algunos dicen que a veces se le escucha hablar en pasillos oscuros, rodeado de ecos y murmullos de diferentes voces.
A J. P. Morand. nadie lo conoció en persona. No hay registros de ese nombre en el sistema de la ciudad.
ECO y sus desarrolladores parecen haber desaparecido de la red de un día para otro.
Desde entonces, algunos han comenzado a escuchar voces. Se intentó eliminar el programa que quedó instalado, por error, en un blog. El acceso ya se perdió.
Te preguntarás si lo que acabas de leer fue solo una historia, o algo más. Aquí te dejo una advertencia:
ECO sigue ahí, esperando. Si tienes el valor, puedes buscar ese blog y descubrir sus secretos. Pero ten cuidado; no sabemos con quién podrías tener una videollamada, y si jamás dejarás de escuchar esas voces.
Pídeme el link en redes para ver el blog de ECO, si te atreves.Las historias, los nombres, las desapariciones… todo es real. O quizá no. Solo tú puedes averiguarlo. Y tal vez, hacer una videollamada usando ECO.